martes, 11 de noviembre de 2008

DERECHOS HUMANOS EN EL CIBERESPACIO

En la carta de “Derechos humanos en el ciberespacio”, que propuso Robert Gelman en 1997, se considera el reconocimiento de Internet y sus redes como vía abierta para posibles mejoras de la condición humana, entre las que incluye: libertad, justicia, igualdad y paz en todo el mundo. Principios o valores universales, que aunque ya aparecen en todos los textos constitucionales y demás instrumentos Europeos, supranacionales e Internacionales, todavía no ha llegado el día en que dichos principios sean no sólo reconocidos, sino efectivamente aplicados, respetados por todos y ejercidos como derechos de forma eficaz y eficiente.

Las estructuras de poder que existen y las nuevas estructuras de poder que se van creando, tienen todo el potencial para explotar y oprimir a los que carecen de habilidades o acceso a la información y herramientas de comunicación Se espera que se use de modo razonable, no arbitrario, respetando los derechos humanos, y los demás derechos existente en las diferentes legislaciones y los que se vayan creando a tenor de las necesidades que vayan surgiendo por los cambios y evolución propios de las sociedades.

Además de estos derechos inalienables en virtud de humanidad, el autor propone, que es esencial, en el mundo en red de la sociedad de la información que los derechos humanos fundamentales se extienden a abrazar el acceso universal a la educación y la conectividad, como medio imprescindible para el acceso a la red y a la educación, y que estos también deben ser protegidos por el imperio de la ley. Si se consiguieran estos derechos en igualdad de condiciones para toda la población, el resto vendría rodado, por pura inercia. Vemos como Robert Gelman pone especial énfasis en la enseñanza y la educación para promover el respeto de esos derechos y libertades y por la progresiva medidas, en línea y en el mundo físico, a fin de garantizar su carácter universal y efectivo reconocimiento y observancia, entre los proveedores de servicios, los usuarios y de organización, y las instituciones de la humanidad en general.

El la Declaración de derechos del ciberespacio”, de Emilio Suñé Llinás, de 2008, vuelve a ser una declaración de intenciones, sentando las bases de los derechos de los ciudadanos a la participación en los asuntos públicos como modelo para garantizar su efectividad y construir una democracia en el ciberespacio, aterritorial.

En su artículo 1º expresa que la información es, debe ser necesariamente formativa y en consecuencia, implica transmisión de conocimientos que repercuten en la dignidad moral del ser humano. El resto del articulado, hace un desarrollo de los distintos aspectos del derecho universal a la educación.

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